
Dime cómo te relacionas y te diré quien eres…
28/11/2022
Cuando 2 o 3 amigos pueden ayudarnos a encontrar el sentido de vida y miles de seguidores o likes, alejarnos del mismo
A quién no le ha pasado que un buen amigo se convierte en su paño de lágrimas, apoyo incondicional, compañía, cheer leader, consejo y también regaño cariñoso, vuelta al camino recto, secretos, confianza etc.… La forma como nos relacionamos con alguien se convierte en fuente de sentido de vida. Nos conecta con lo bueno que la vida nos ofrece, con uno de esos regalos gratuitos que no sabemos ni por qué aparecieron.
También a veces tenemos un mal amigo, una mala relación de pareja o de familia. Esas nos complican la vida, se convierten en fuente de sufrimiento causados por el apego, la necesidad de validación, la dependencia emocional. Las relaciones tóxicas nos duelen en el alma y nos alejamos de la belleza de la vida.
Al final, si tenemos dos o tres vínculos sanos y significativos, hay que atesorarlos. Y me refiero a vínculos de todo tipo porque la forma de vincularnos con personas, con objetos, con nuestro entorno, con todo, afecta nuestra vida entera. Los vínculos lo permean todo, aunque no se vea a simple vista.
Las relaciones superficiales, muchas de las cuales son las que manejamos hoy en día con el auge de las redes sociales pero también por la necesidad de ser vistos social y laboralmente de determinada manera nos roban el tiempo y la presencia que necesitamos para lo importante y nos alejan del verdadero camino hacia nuestras metas personales.
Esas metas que están alineadas con nuestros valores y que se constituyen en nuestra vocación o nuestra misión personal. Cuando nos damos cuenta, estamos viviendo vidas ajenas, que no nos pertenecen y nos alejamos de nuestra razón de ser. ¿Cómo nos vinculamos entonces?
Cuando no estamos conscientes de lo que es valioso y nos movemos por convicción es muy fácil caer en los apegos y las dependencias. Nos relacionamos con personas y cosas por necesidad, desde lo que creemos que nos falta y que el otro puede completar en nosotros. Buscamos la felicidad afuera, sin darnos cuenta que la tenemos en nuestro interior, que estamos completos y que lo que tenemos es vida, tiempo y valor personal para compartir unos con otros y cooperar.
La forma de relacionarnos de manera sana, es decir libre, intencional y significativa viene desde el autoconocimiento profundo de quienes somos, que nos mueve, es decir, cuáles son nuestros valores, para dónde vamos, cómo nos vemos a futuro y en qué parte del proceso nos encontramos en estos momentos.
Así que, es importante preguntarnos de que manera nos estamos relacionando con nosotros mismos, con nuestro cuerpo y nuestra mente, qué hacemos y para qué lo hacemos, sin dejar de lado la reflexión sobre nuestra relación con los objetos y posesiones: qué necesitamos realmente y qué es producto del habernos alejado de nuestro centro y sucumbido a la publicidad, al consumismo desaforado impuesto desde afuera.
Somos parte de un entorno y una comunidad a la que pertenecemos con su cultura y tradiciones y nos relacionamos desde ahí tambien, con lo que hemos aprendido y heredado. Nuestro ser en el mundo afecta todo, incluyendo el mundo natural y animal y lo que le sucede al planeta. Así es, nuestra existencia tiene una huella y la forma en que vivamos determina como afectamos todo. Somos trascendentes en este sentido. El hacer consciencia de todo esto nos ayuda a ubicarnos existencialmente y vivir nuestra vida de una manera especial y única.
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